EL MUNDO DE LOS ESPÍRITUS Y EL ESTADO DEL HOMBRE DESPUÉS DE LA MUERTE
51
El primer estado del hombre después de la muerte
491.
Después de la muerte el hombre pasa por tres estados, antes de
entrar en el cielo o en el infierno. El primer estado es el estado
de sus exteriores; el segundo es el estado de sus interiores, y el
tercer estado es el estado de su preparación; estos estados
experimenta el hombre en el mundo espiritual; hay, sin embargo,
ciertos hombres que no experimentan estos estados, siendo
inmediatamente después de la muerte conducidos al cielo o bien
echados al infierno; los que en seguida son conducidos al cielo son
los que han nacido de
nuevo, habiendo así en el mundo sido preparados para el cielo; los
que-han sido regenerados y
preparados hasta
tal punto, que sólo les falta descartar la suciedad, natural con el
cuerpo, son conducidos en seguida por los ángeles al cielo; he visto
algunos que han sido elevados seguidamente después de la muerte. Por
otra parte, los que han sido interiormente maliciosos y
exteriormente en apariencia buenos, es decir, los que han llenado su
maldad con tramas y engaños, valiéndose dé la bondad como un medio
de engañar, son enseguida echados al infierno; he visto algunos como
estos echarse al infierno inmediatamente después de la muerte; el
más falso y engañador, cabeza abajo y pies arriba; y otros de
diferente manera. Hay algunos que inmediatamente después de la
muerte son echados en Cavernas, y de esta manera separados de los
demás que están, en el mundo de los espíritus, siendo
alternativamente sacados y metidos allí; estos son los que bajo
pretexto civil han v obrado maliciosamente con su prójimo. Pero
estos y aquellos son pocos, comparados con los que tardan en el
mundo de los espíritus, siendo allí preparados según el orden
Divino, bien para el cielo, bien para el infierno.
492. En
el primer estado, que es el estado de las cosas exteriores, entra el
hombre inmediatamente después de la muerte. Cada hombre tiene en cuanto
a su espíritu cosas exteriores y cosas interiores. Las cosas exteriores
del espíritu, son aquellas mediante las cuales el hombre acomoda su
cuerpo en el mundo, principalmente su rostro, su habla y sus gestos, al
trato con otros. Las cosas interiores del espíritu son, por otra parte,
las que pertenecen a su propia voluntad y por consiguiente a su
pensamiento, las cuales, pocas veces se manifiestan en su rostro, habla
y gestos, porque el hombre se acostumbra desde lar niñez a mostrar
amistad, benevolencia y sinceridad, y a ocultar los pensamientos de su
propia voluntad; por esto conduce habitualmente una vida moral y civil
en lo exterior, sea cuál; fuere su vida interior. De esta costumbre
resulta que el hombre apenas conoce sus interiores y que tampoco sé fija
en ellos.
493. M
primer estado del hombre después de la muerte es similar a su estado en
el mundo, puesto que entonces también se halla en los exteriores. Tiene
asimismo igual rostro, igual habla, y el mismo carácter, sí pues igual
vida moral y civil. Por eso no sabe entonces sino que todavía se halla
en el mundo, a no ser que se fije en las cosas que sé manifiestan a su
vista, y en aquello que le dijeron los ángeles, cuando resucitó, que
ahora es un espíritu (n. 450) De esta manera esta vida continua en la
otra, y la muerte es solamente un tránsito.
494.
Puesto que el espíritu del hombre al principio es así después de la vida
en el mundo, le reconocen entonces sus amigos y los que han sido sus
conocidos en el mundo, porque estos perciben los espíritus no sólo, por
su rostro y su habla, sino también por su esfera de vida cuando se
aproximan. En la otra vida, cada uno se representa también en su
pensamiento el rostro de otro, mientras piensa en él, y asimismo varias
cosas relacionadas con su vida, y cuando hace esto el otro aparece
presente como si fuere buscado y llamado. Tal cosa existe en el mundo
espiritual por comunicarse allí los, pensamientos, y por ser allí los
espacios de otra naturaleza que en el mundo (véase arriba, n. 191-199).
De allí viene que todos los que acaban de entrar en la otra vida son
reconocidos por sus parientes, amigos y por los que en alguna manera les
son conocidos, y que también hablan entre sí, reuniéndose luego, según y
conforme su amistad en el mundo. He oído varias veces que los que han
venido del mundo se han alegrado de volver a ver a sus amigos, y los
amigos, por su parte, de reunirse con ellos. Es común que cónyuge
encuentre a cónyuge, felicitándose mutuamente. Permanecen también
juntos, pero más o menos tiempo según haya sido el goce de su
cohabitación en el mundo. Sin embargo, si no les ha unido el verdadero
amor conyugal, cuyo amor es la unión de las mentes por medio del amor
celestial, se separan después de estar juntos algún tiempo. Pero si las
mentes de los cónyuges han estado; en desacuerdo entre sí, y si
interiormente se han aborrecido, rompen en abierta enemistad y riñen
a veces con las manos, no separándose, sin embargo, hasta entrar en el
segundo estado, del cual se tratará en lo que ahora sigue.
495.
Puesto que la vida de los espíritus recién venidos no es disimilar a su
vida en el mundo natural y puesto que nada saben del estado de su vida
después de la muerte, y nada del cielo y del infierno, aparte de lo que
han aprendido por el sentido literal del Verbo, y de los sermones
consiguientes, llegan — después de extrañarse de que se hallan en un
cuerpo con todos sus sentidos como en el mundo, de que ven cosas
iguales — a sentir deseos, de saber como es el cielo, y como es él
infierno, y donde se hallan. Los amigos les instruyen, por lo tanto,
acerca del estado de la vida eterna, conduciéndoles asimismo por varios
lugares e introduciéndoles en varias compañías; son conducidos a
ciudades y también a jardines y a paraísos; por la mayor parte a lugares
donde pueden ver cosas magníficas, puesto que estas/agradan a los
exteriores, en los cuales se hallan. Entonces son introducidos
alternativamente en los pensamientos que tenían en la vida del cuerpo
acerca del estado de su alma después de la muerte, así como acerca del
cielo y del infierno, y esto hasta que se arrepienten de haber sido
completamente ignorantes de estas cosas, y también de que la iglesia
está completamente en ignorancia de estas cosas. Casi todos desean saber
si van al cielo; la mayor parte creen que van al cielo, por haber
conducido en el mundo una vida moral y civil, no fijando, su atención en
que malos y buenos conducen igual vida en cuanto al exterior; obran de
igual manera bien con otros y visitan de igual manera a menudo los
templos, escuchando sermones y orando; ignoran por completo que las
obras exteriores, del culto nada hacen, sino las cosas interiores de las
que proceden las exteriores. Entre varios miles, apenas hay uno que sepa
lo que son cosas interiores y que en estas se halla el cielo y la
iglesia para el hombre; aun menos sabe qué las obras exteriores son de
igual naturaleza que las intenciones y los pensamientos y dentro estos
el amor y la fe de los cuales nacen. Y al ser instruidos no comprenden
que el pensar y el querer hace algo al caso sino tan sólo el hablar y el
obrar. Tales son por la mayor parte los del mundo cristiano que
actualmente entran en la otra vida.
496.
Pero buenos espíritus les exploran cuales y cómo son, y esto de varias
maneras, puesto que en este primer estado los malos tanto como los
buenos hablan verdades y hacen buenas obras, por la causa arriba
mencionada, o sea queden lo exterior han vivido igualmente conforme la
moral, habiendo vivido en reinos y bajo leyes, y mediante ellos,
adquirido la reputación de rectos y sinceros, procura ando captarse los
ánimos y de esta manera verse elevados a puestos de honor y tener
éxitos. Pero los espíritus malos son distinguidos o, por mejor decir,
pueden ser distinguidos de los buenos, especialmente por esto de que los
malos prestan particularmente oído a lo que se dice de las cosas
exteriores, y haciendo poco caso de lo que se dice de las cosas
interiores, las cuales son los bienes de la iglesia y del cielo; y
escuchan estas últimas cosas por cierto, pero no con atención y
regocijo. También se distinguen por volverse a ciertos puntos
cardinales, y por andar por los caminos que conducen en cierta
dirección, cuando están a solas. Por el volverse hacia el punto cardinal
y por el andar por los caminos se sabe cual y como es el amor que
conduce.
497.
Todos los espíritus que llegan del mundo se hallan por cierto unidos a
alguna sociedad en el cielo, o a alguna Sociedad en el infierno; pero
tan sólo con respecto a las cosas interiores; las cosas interiores no se
descubren a nadie, mientras permanecen en los exteriores, porque las
cosas exteriores cubren y ocultan las interiores, en mayor grado en los
que se hallan en un mal interior. Luego, cuando entran en el segundo
estado, aparecen, sin embargo, visiblemente, por abrirse entonces sus
interiores, mientras se adormecen sus exteriores.
498.
Este primer estado del hombre después de la muerte dura, para algunos,
días, para otros, meses, y para otros, todo un año; pocas veces más de
un año; con diferencia en cada particular individuo según y conforme la
concordia o discordia de las cosas exteriores con las interiores. En
cada uno las cosas interiores y exteriores deben obrar como una sola
cosa y corresponder. A nadie en el mundo, espiritual es permitido pensar
y querer de una manera y hablar y obrar de otra manera. Cada uno allí
debe ser la imagen de su inclinación o de su amor; por lo tanto, cual es
en las cosas interiores, tal ha de ser en las exteriores, y por
consiguiente, las cosas exteriores del espíritu deben ser primero
reveladas y puestas en orden, a fin de poder servir como plano
correspondiente para las interiores.
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